jueves, 1 de abril de 2010

POBRE BURRO. GLORIA FUERTES

El burro nunca dejará de ser burro.
Porque el burro nunca va a la escuela.
El burro nunca llegará a ser caballo.
El burro nunca ganará carreras.
¿qué culpa tiene el burro de ser burro?
En el pueblo del burro no hay escuela.
El burro se pasa la vida trabajando,
tirando de un carro,
sin pena ni gloria,
y los fines de semana
atado a la noria.

El burro no sabe leer,
pero tiene memoria.
El burro llega el último a la meta,
¡pero le cantan los poetas!

El burro duerme en cabaña de lona.
No llamar burro al burro,
llamarle "ayudante del hombre"
o llamarle persona.

¿CÓMO SE DIBUJA UN PAYASO?. GLORIA FUERTES

Melena de pelo tieso,
por travieso.
Una pelota de ping pong es la nariz,
y una sonrisa desdentada
de feliz.

Las orejas despegadas
-como alas-.
Las botas,
grandes y rotas,
y en la punta del sombrero
un pompón de terciopelo.

Pantalón corto,
chaqueta larga
y un lazo como una hélice
de corbata.

Lleva llenos los bolsillos
de chistes y chascarrillos.

Además de payaso,
es músico y poeta,
después de decir versos
toca la trompeta.

Yá es tu amigo
el importante Señor Payaso
(se pondrá triste
si no le haces caso).

COLETA LA PAYASA. GLORIA FUERTES

Coleta se asoma, por la puerta de lona, del Circo Coco Drilo.
- Buenas. ¿Es usted el director del Circo Coco Drilo?
- Sí. ¿Qué quieres?
- ¡Quiero ser payasa! ¡Hacer reír! Hacer reír es una obra de caridad. Yo quiero ser payasa.
- ¡Uy ! ¡Tú payasa !
- Sí, yo, Coleta payasa.
¿Qué pasa?
¡Y menos guasa!

... Si quiere me cambio de nombre, y usted pone ahí un gran cartel que diga:
-BLASA, LA PAYASA-
- No, no es eso, es que para ser payasa, hay que tener experiencia.
- Mire, no tengo experiencia (ni sé qué es eso), pero tengo paciencia, gracia y salero, y además, ¡me conoce el mundo entero! Soy Coleta. ¡Coleta de España!
- Escucha, pequeñaja -dijo el director, para ser pasaya hay que ser mayor.
- Ahora escúcheme usted a mí, señor. Yo salgo a trabajar disfrazada, con la cara pintada, con la nariz postiza -de pelota de pimpón-, me pongo peluca y peluquín, y grandes zapatones con tacones, y así, los qeu van a ver mi arte al circo, nunca podrán adivinar los años que tengo.

- ¿Cuánto años tienes?
- Diez años y medio.
- Como los burros.
- No señor, como las burras. Soy niña.

Hubo un silencio extraño. Los ojitos de Coleta echaban lágrimas de pena.
- Bien. Veamos. ¿Qué sabes hacer?
Los ojitos de Coleta echaban chispas de alegría.
- De todo. ¡Sé hacer de todo!
- Cómo de todo...
- Sí, yo también como de todo -dijo Coleta nerviosa y añadió:
- Soy payasa, gimnasta, atleta y poeta (pero esto último a usted no le interesa). Hago el pino, el sauce y la mosca...

- ¿Cómo es «la mosca»?
- Mire, señor director, la mosca es un número muy divertido. Revoloteo por la pista y aterrizo suavemente en la calva de un señor espectador.

- ¿Y de música?
- ¡Uy! Todo de todo. Lo que mejor toco es la tuba.1
- Sí, pero no vamos a comprar una tuba sólo para uste. El circo no está para esos gastos. Además no creo que usted, tan canija, pueda sostener la inmensa tuba.
- Bueno, pues fuera el número de la tuba. También toco la trompeta -dijo Coleta.
- Eso «mí gusta» -dijo el director inglés.
Y Coleta dijo «yes».

Cuando los músicos empezaron a tocar un alegre pasodoble torero,
saltó coleta a la pista,
vestida de artista,
vestida de payasa,
con traje de seda y gasa.
Pantalón floreado de colores;
con todos los colores del arco iris.
Y un gorro blanco-picudo con plumas,
con todas las plumas del pavo real.
Y unos zapatos grandes con tacones,
con todos los tacones que podía aguantar.
Y los niños aplaudían.

Coleta llevaba una trompeta en la mano y mucho miedo en el cuerpo. Era la primera vez que iba a hacer el payaso (la payasa) ante gente que no conocía.
Cuando el foco la enfocó, empezó a tiritar, sin poderlo remediar, era como un «baile San Vito» con música de pasodoble.
Y los niños aplaudían

Coleta se acercó a las primeras filas y... De un niño cogió una risa,
y la convirtió en paloma,
y así otra, y otra y otra.
Y los niños aplaudían

- Y ahora,
voy a demostrar mi gracia,
haciendo fina acrobacia.
Coleta se quitó el gorro picudo y se puso una chichonera, se colocó la cabeza entre las piernas y comenzó a rodar por la pista, como una pelto de carne y hueso.
Y los niños aplaudían

A las tres o cuatro vueltas se desenrolló y mareada y medio bizca saludó.
Y los niños aplaudían

Ahora
señoras y señores
(niño, no llores)
¡el número de mi mágica trompeta!
- anunció Coleta-.

Se callaron los músicos rancios, y Coleta empezó a soplar la trompeta.
Intentó tocar «Tengo una muñeca vestida de azul» para que los niños lo cantaran, pero las notas salían fatal.

Mientras Coleta tocaba cada vez peor, pensaba:
- ¡Qué desastre! ¡Se me ha olvidado el tecleo de los botones estos! Soplar, soplo, pero consigo un higo. ¡Qué despiste y yo en la pista, haciendo el payaso de verdad!... ¡Estoy llorando! ¡Que no se enteren los niños! ¡Angelito de la guarda, ayúdame!

Y de pronto, de la trompeta de Coleta empezaron a salir pajaritos de todos los colores y picos que revoloteaban sobre las cabezas de los espectadores.
Y los niños aplaudían

Y los niños saltaron de sus asientos y se abalanzaron sobre Coleta.
Todos los niños querían tocar la coleta de Coleta.
Era un montón de niños, más, una montaña de niñas y niños rodeaban a Coleta Payasa. Ya no veían ni las plumas del gorro de la artista.

En esos momentos, Coleta era la Payasa más feliz del mundo, porque todos los niños querían besarla y porque, gracias a Dios, no tuvo que hacer el número de «la mosca».

BAJO UN SOMBRERO. BEGOÑA SANZ

Bajo un sombrero roto
del cual colgaba una flor
aparece la cara sonriente
de un payaso soñador.

Su pelo es naranja,
su nariz colorada
y una gran corbata
de cuadros le colgaba.

¡Qué zapatos más grandes!
¿Qué pantalones más anchos!
¡Qué agujeros en los calcetines!
¡Qué gracioso este payaso!

COSAS EXTRAÑAS. CARMEN GIL


No estaba dormido,
no lo pude soñar,
así que raro me parece
lo que os voy a contar.
Estaba en mi cama
tendido, sin pensar,
pero se coló una idea
y no la puede echar.

Era un payaso
vestido de raso.
Payaso tristón
como un pisotón.
Payaso saltarín
como un peluquín.
Payaso trompetista
¡soy el amo de la pista!

TUNAMBAC -PAYASO-. MARTA A. PORTA

Allá viene, allá viene
allá viene Tunambac,
con su traje a lunares
y su paso singular.

Tiene grandes zapatones
con hebilla de coral,
unos guantes amarillos
y pañuelo verde mar.

Trae risa colorada
muchas pecas azuladas,
y en el bolsillo del saco
la más linda payasada.

EL PAYASO. ANDRÉS DÍAZ MARRERO

Sale a la pista
y su nariz
roja y redonda
le brilla alegre
monda y lironda.

Con grandes gestos
y su graciosa
cara pintada
sonríe o pone
triste mirada.

De media yarda
son sus zapatos.
Y el muy fullero
de mil colores
luce un sombrero.

¡Cómo divierte
con sus monadas!
¡Es todo un caso!
Ríe la gente...
¡Goza el payaso!